Historia

Todo empezó cuando tres mozos (Herminio Álvarez Gómez, Belarmino Gómez y Emilio Vuelta Gómez), oriundos del norte de la provincia de León, decidieron abandonar su tierra natal y desplazarse a Madrid en busca de trabajo y fortuna.

Eran primos hermanos y empezaron su actividad juntos en una droguería de un conocido, situada en la calle Peligros. Como ocurría con los aprendices de la época, trabajaban en la tienda durante el día pero también pasaban allí la noche, pues la tienda, era además su vivienda, y la cama parte de su salario.

Transcurrido un tiempo, el propietario del establecimiento decidió retirarse, circunstancia y oportunidad que aprovecharon los primos para dar un paso importante en su futuro.

En el año 1899, ya afianzados en su profesión de comerciantes de aromas, tuvieron que trasladarse, por derribo del local que ocupaban, a otro situado en la calle Sevilla nº2. En ese momento aparece Alvarez Gómez como el nuevo rótulo de la tienda. Se eligieron los apellidos de Herminio porque éste fue el que más dinero aportó al nuevo proyecto.
La afición de Herminio por el teatro de variedades, de los que se encontraban varios en las proximidades de la tienda, y su carácter abierto que le hacía relacionarse con gente de toda condición, ilustre o no, que visitaba la tienda como clientes o como amigos, le llevó a organizar una tertulia en la trastienda.

En un ambiente agradable y único, en el que se mezclaban los aromas de la perfumería con el tabaco y el del café, servido en el cafetín de al lado, hablaban, discutían, conspiraban y finalmente intentaban como siempre arreglar el país. Eran gentes del teatro y la farándula, toreros, políticos como Eduardo Dato, literatos como Pedro Muñoz Seca y viajantes de comercio cuya movilidad y amplia cultura geográfica, poco habituales entonces, les convertían en portadores de noticias, bulos, diretes y curiosidades. Todo ello, unido a la escasez de medios de comunicación de la época, les permitía hacerse escuchar en las reuniones.

Fue allí donde hacia 1912, uno de estos viajantes aportó una fórmula de agua de colonia de origen centro europeo, cuyos componentes esenciales: limón, bergamota, romero, geranio, etc... Se podían conseguir de mejor calidad en suelo español. Los fundadores, acostumbrados desde niños a los olores puros del campo, de las flores y las plantas, decidieron que su colonia tenía que ser así: limpia, refrescante y pura.

En 1912 se empezó a fabricar de manera artesanal, en el sótano de esta primera tienda, el “Agua de Colonia Concentrada Álvarez Gómez”, tal y como actualmente la conocemos; una colonia única, de gran clase aunque no elitista.

Su frasco de diseño Art Déco resulta totalmente familiar, no solo en muchísimos hogares españoles, sino también en los mejores hoteles y restaurantes de prestigio de nuestro país. La diosa Cibeles, que entonces era una cría, empezó a perfumarse con nuestra colonia en cuanto la probó y, por lo que se sabe, no ha cambiado de costumbre hasta hoy.

En los años duros de la posguerra los descendientes de los fundadores, también venidos de la provincia de León, lucharon por abastecer un mercado carente de casi todo. Esta segunda generación representada por el tándem Rafael Rodríguez Vuelta y Plácido Fernández Álvarez fue la que más impulso y desarrollo imprimió al negocio.

El primero de ellos, Rafael, el más audaz, viajó por Europa en busca de novedades para paliar la escasez existente, dejándose mucha de su salud en aquellos vaivenes. Empezó la expansión de la empresa con la apertura de nuevas tiendas y creó la forma de ser Álvarez Gómez que nos ha dado la fama y el prestigio que hoy tenemos.

El segundo, Plácido, hombre de números, se ocupó de la fabricación y distribución de nuestra “Agua de Colonia Concentrada”.

Durante los últimos 25 años se han alcanzado algunos de los más relevantes hitos; la construcción de una fábrica en la que se estandarizó la producción, el desarrollo de nuevas líneas de productos, la creación de una red de distribución nacional, la profesionalización de las diferentes áreas de la empresa, buscando incorporar excelentes profesionales pero sin perder nunca el carácter familiar de la compañía.

A lo largo de estos años ha habido también muchas personas, empleados y colaboradores, que han dado lo mejor de sí mismos a esta casa, haciendo posible con su trabajo y esfuerzo el que hoy estemos aquí.

En la actualidad una cuarta generación directa de aquel instante, cien años ya, están involucrados en el proyecto de permanecer vigentes y actuales en el mundo tan competitivo en el que nos movemos, apostando por la expansión internacional y la creación de nuevos productos. Estamos decididos a hacer de Álvarez Gómez la tradición del nuevo siglo.